Fiestas del Señor y la Virgen del Milagro

No se puede hablar de Salta, de su pasado, de su tradición, de su fe, sin mencionar la historia y festividades del Señor la Virgen del Milagro, patronos seculares de la salteñidad. Comentar estas hermosas páginas, es recurrir al testimonio que dejara escrito Mons. Julián Toscano en su ¨ Historia del Señor y la Virgen del Milagro de Salta ¨, cuya obra hemos de extraer su esencia.

Sobre las aguas del Pacífico

Cuando el obispo del Tucumán, Fray Francisco de Vitoria, regresó a España, luego de bendecir el nacimiento de la flamante ciudad de Salta, mandó a talar en la Metrópoli dos imágenes: una del Cristo crucificado y, la otra, de la Virgen del Rosario, las cuales envió desde España, con destino a las iglesias de Salta y de Córdoba, respectivamente, ambas pertenecientes a la jurisdicción del Obispado del vastísimo territorio del Tucumán.

A comienzos de junio de 1592, la pacifica población de del puerto de Callao fue sacudida por insistentes temblores de tierra que movieron a todos los habitantes, a lanzarse prestamente hacia las orillas de las aguas verdinegras de la madrugada. Al clarear la mañana, los ojos avizores de la gente divisaron en lontananza, balanceándose blandamente sobre las aguas del Pacifico y rumbo al puerto, dos extraños objetos, cual si fueran dirigidos diestramente por algún invisible piloto.

Los emisarios del Gobernador lograron subirlos a tierra firme y, con la anuencia del Virrey de Lima, procediose a tomar conocimiento del contenido después de permanecer hasta el día siguiente en las playas de Callao.

El contenido de los cajones

Con solemne pompa y gran acompañamiento, el Virrey del Perú, Don Hurtado de Mendoza mandó, en presencia de las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, abrir los misteriosos cajones, llegados de manera tan insólita.

El primer cajón fue abierto con gran expectativa, encontrándose en su cubierta la siguiente inscripción:

¨Un Señor crucificado para la Iglesia Matriz de la Ciudad de Salta provincia del Tucumán – Remitido por Fr. Francisco de Vitoria, Obispo de Tucumán¨.

A continuación procediose a la apertura del segundo cajón, en el que advirtióse una similar leyenda:

¨Una Señora del Rosario para el Convento de Predicadores de la Ciudad de Córdoba, Salta provincia del Tucumán – Remitido por Fr. Francisco de Vitoria, Obispo de Tucumán¨.

De inmediato fueron conducidas las imágenes al centro de la ciudad para que el pueblo allí congregado, las viera y les rindiera culto, después de lo cual, el Virrey ordenó volver las imágenes a los cajones y conducirlos a Lima para su posterior traslado a sus respectivos destinos.

Las dos leguas que dista la ciudad de Lima de El Callao fueron recorridas por una inmensa multitud y un abigarrado cortejo encabezado por el propio Virrey, entrando en la ciudad virreinal con la mayor demostración que el pueblo haya tributado hasta entonces, pues la población entera se volcó hacia la Catedral, donde fueron depositados los cajones con sus místicos contenidos.

Tres santos congregados

Al día siguiente, la ciudad de Lima amaneció vestida de fiesta para celebrar dignamente la milagrosa visita recibida. El Arzobispo de Lima, más tarde Santo Toribio de Mogrovejo, ofició un solemne pontifical, al que asistieron las autoridades del pueblo y aborígenes conversos. Según la tradición, en esa singular ocasión, encontráronse congregados en el recinto tres santos de la Iglesia Católica: Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Rosa de Lima y San Francisco Solano, futuro apóstol del Tucumán. Luego de la gran parada militar y las entusiastas manifestaciones populares tributadas alas imágenes sagradas, estas quedaron en la Catedral de Lima durante ocho días expuestas a la veneración de La interminable columna de creyentes que se diera cita para contemplar de cerca el portento que conmoviera a la ciudad.

Rumbo a Salta

Por orden del Virrey, las imágenes fueron llevadas a pulso hasta la ciudad de Potosí, acompañadas de una formación militar y un crecido número de vecinos limeños. La opulenta ciudad potosina recibió las imágenes con igual solemnidad que Lima y quiso demostrar su adhesión con grandes agasajos y celebraciones inusitadas.

A mediados de Agosto, una rica comitiva de potentados y nobles de puso en marcha hacia Salta, a pie, levando las imágenes y haciendo un recorrido de trescientas leguas, seguidos de soldados y fieles vasallos indígenas, logrando acercarse a destino, después de treinta y tres días de azaroso viaje, pleno de sacrificios.

Solemne recepción

Avisadas las autoridades y el pueblo de Salta por un emisario que se adelantara de la comitiva, el Gobernador de la ciudad de Salta y un numeroso cortejo de damas y caballeros, salió a recibir las esperadas imágenes y sus intrépidos acompañantes, hasta el lugar hoy conocido como Campo de la Cruz, al norte de la ciudad. Con solemne pompa y extraordinario regocijo fueron recibidos los recién llegados y las sagradas efigies hicieron su entrada el día 15 de septiembre de 1592.

Extraordinarias celebraciones y, por supuesto, inusitada alegría al par que emotivas explosiones de fe popular rodearon el primer día de la llegada del celestial Patrono asignado a esta ciudad, y continuas muestras de devoción se sucedieron en los días subsiguientes.

La comitiva, llegada de Potosí, luego de los agasajos de que fueron objeto por parte de las familias salteñas, y engrosada por numerosos caballeros salteños, prosiguió marcha, poco días después, hacia Córdoba, portando la imagen de la Virgen del Rosario para ser entregada a sus destinatarios, los padres Predicadores, de aquella ciudad.

Así transcurrió el hecho extraordinario de la llegada del Señor del Milagro a la ciudad de su divina protección.

Olvido de un siglo

Paradójicamente, nadie sabe el por qué estuvo el Cristo crucificado, recién recibido, durante cien años exactos, olvidado en la sacristía de la Iglesia Matriz. En efecto, mientras se realizaban los preparativos para construir un altar destinado a servir al culto de la nueva imagen, ésta fue guardada en la sacristía donde continuó permaneciendo, por un incompresible olvido, hasta cumplirse un siglo de silencio sin que nadie se acordara más del Cristo recibido tan solemnemente y llegado a las costas americanas de manera tan portentosa.

Los terremotos de 1692

A media mañana del 13 de septiembre de 1692, sintiéronse unos tremendos sacudones de tierra, los que, repetidos seguidamente, sembraron prontamente el pánico entre la despavorida población salteña. Y los movimientos siguieron, en un pos de otros, con intensidad creciente, hasta que el terror comenzó a invadir el ánimo de los más fuertes y hacer sentir a todos impotentes para contener esta fuerza ciega y sobrehumana.

La impotencia del hombre frente al avance de la naturaleza enfurecida lo hizo acudir en demanda del auxilio divino. Oraciones, rogativas, procesiones, penitencias, publicas expresiones de fe y dolor, clamor por todas partes, hicieron el cuadro dantesco del primer día terremotos en Salta. Y los temblores continuaron día y noche ahondando la alarma entre el aterrado vecindario.

El mensaje del P. Carrión

El terror siguió carcomiendo la conciencia de los pobladores. La desesperación colectiva no encontró manera de aplacar las enfurecidas fuerzas subterráneas que amenazaban con arrasar toda la existencia visible sobre la faz de la tierra. Y así transcurrieron tres días de pánico y horror. Nadie dormía ni comía. Todos clamaban en medio de flagelaciones y otras penitencias publicas, en la plaza frente a la Iglesia Matriz, invocando la protección divina y el cese de la terrible amenaza.

Como enviado de lo alto, el jesuita José Carrión, en un arranque de inspiración , instó a la multitud: Sacad en procesión al Cristo Crucificado, olvidado en la sacristía, y cesarán los temblores.

Y el sacristán Peredo, en un impulso salvador, lanzose al interior del templo para rescatar la olvidada imagen, como última esperanza para la desesperación del pueblo que aguardaba atónito, en la plaza, esperando un milagro para su salvación.

El Milagro

La imagen del Cristo Crucificado, que fuera recibida triunfalmente el 15 de septiembre de 1592, y olvidada durante 100 años en un rincón subalterno del templo, nuevamente salió por las calles de Salta, el 15 de septiembre de 1962, en jadeante procesión, en hombros de las primeras autoridades y seguida de una aterrada muchedumbre, en la que estaban mezclados el noble y el plebeyo y el español y el indígena hermanados por el pánico colectivo. Y un nuevo portento se produjo ante la presencia del Cristo crucificado. La tierra se aquietó, las fuerzas de la naturaleza se doblegaron y la tranquilidad volvió a los corazones. Un milagro se había producido.

Muchos edificios habían caído al suelo. Un panorama desolador ensombrecía al ambiente pero sin victima alguna. El sol de la esperanza iluminaba nuevamente los rostros macilentos de la población castigada por el terror de tres días consecutivos.

La Virgen el Milagro

Cuando el sacristán Peredo, seguido del vecino Pedro de Montenegro, se introdujo al interior de la Iglesia Matriz, se encontró con que una tradicional imagen de la Virgen María, que se conservaba en un nicho ubicado a tres metros de altura, había descendido desde el mismo, y estaba colocada a los pies del altar, intacta, de espaldas y con la cara vuelta hacia el Sagrario, mientras que las demás imágenes habían rodado por tierra, destrozadas.

Otras personas que penetraron enseguida conocido este portento, observaron, atónitas que el rostro de la Virgen, antes sonriente y plácido había cambiado de expresión, presentando el aspecto de angustia y súplica. Pocas horas después, juntamente con el Cristo crucificado, fue también sacada en procesión, en aquella inolvidable tarde del 15 de septiembre de 1692, fecha desde la cual fueron llamadas, ambas imágenes del SEÑOR Y VIRGEN DEL MILAGRO, en recuerdo de los extraordinarios acontecimientos de aquel día.

Juramento de 1962

Como consecuencia del milagroso apaciguamiento de los temblores y de la providencial salvación de la ciudad de Salta, la población y las autoridades acordaron denominar, en adelante, a estas imágenes, del SEÑOR Y VIRGEN DEL MILAGRO y proclamarlos sus celestiales Patronos. Por su parte el Cabildo y el Gobernador de la ciudad, resolvieron ese mismo día emitir un solemne juramento prometiendo, en lo sucesivo, y topos los años venideros celebrar dignamente este milagroso acontecimiento. Y en agradecimiento por el divino favor dejaron instituidos los días 13,14 y 15 de septiembre, como fiestas solemnes para recordar y agradecer la salvación del pueblo de Salta.

Y desde entonces, todos los años, indefectiblemente, y sin faltar uno solo, se han venido celebrando estas hermosas fiestas en las que el la actualidad concurren alrededor de 500.000 personas.

Procesión multitudinaria

Como queda dicho, el pueblo de Salta fiel a su juramento empeñado hace mas de cuatro siglos , todos los años pasea por sus arterias céntricas de la ciudad, a las veneradas imágenes durante los días 13, 14 y 15 de septiembre, en solemne celebración, a cuyos actos acuden las altas autoridades de la provincia y notables personalidades que concurren desde diversos puntos del país para acompañar al pueblo salteño, volcado multitudinariamente en esos días hacia la Catedral y las calles adyacentes para vivir extraordinarias jornadas de fe y alegría, cuyo colorido es un espectáculo indescriptible, el que culmina con la gigantesca procesión final en la que se apretujan mas de 500000 personas, mientras entonan los himnos del Señor y la Virgen del Milagro, aprendidos desde la cuna:

¨Señor del Milagro,

Cristo Redentor,

Del pueblo de Salta,

No apartes tu amor¨

…………………..

¨Virgen del Milagro,

Gloria de este pueblo,

En Quien siempre halla

Todo su remedio¨