Geología del Vino

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Los vinos de Salta son los de mayor altura del mundo y alcanzan calidades verdaderamente extraordinarias. Ello en razón del especial «terroir» del Valle Calchaquí, un ambiente geológico de características singulares. Relieve, rocas, agua, clima, paisaje, todo converge para lograr allí vinos con una tradición varias veces centenaria.

Salta sabe de vinos desde la propia llegada de los conquistadores españoles. Con la fundación en 1566 de Cáceres, llamada un año más tarde Nuestra Señora de Talavera de Esteco, ya hay referencias de los viñedos que allí se plantaban, en medio del Chaco, muy cerca de Quebrachal y Joaquín V. González. Hasta tenemos un departamento La Viña. Sin embargo los vinos de Salta encontraron su ambiente, su terroir, en el Valle Calchaquí.

Los vinos de Salta se producen sine qua non en el Valle Calchaquí. Este valle es la consecuencia geológica de la evolución andina y acompaña a la Puna Austral desde el cerro del Acay hacia el sur. Las montañas que lo limitan al oeste, son rocas de las más antiguas que tiene la provincia y muestran su mejor expresión en los Nevados de Cachi y Palermo, sierra del Cajón o Quilmes,, entre otros relieves prominentes que superan los 5.000 m de altura sobre el nivel del mar.

A lo largo del Valle Calchaquí corren los ríos Calchaquí y Santa María, el primero de norte a sur y el segundo en sentido contrario y confluyen ambos cerca de Cafayate para desde allí doblar a la altura del cerro El Zorrito, y luego seguir como río de las Conchas, río Guachipas, río Juramento, río Pasaje, río Salado y llegar finalmente al Paraná. De esta manera el río Calchaquí, que nace en el Nevado del Acay, se convierte en el río más largo que corre íntegramente en territorio argentino.

El Valle Calchaquí está así encajonado entre las altas cumbres de rocas ígenas y metamórficas del oeste y las cumbres más bajas, esencialmente de rocas sedimentarias rojas, que se desarrollan hacia el este. El río Calchaquí es a su vez alimentado por numerosos afluentes que descienden transversalmente desde los relieves laterales. En ese descenso cavan valles menores, y el ajuste y desajuste que se produjo durante el Pleistoceno, periodo Cuaternario y época de glaciaciones, dejó niveles de terrazas y una evolución de conos aluviales y bajadas desde los pies montañosos.

En esos ambientes planos es donde se desarrollan los viñedos que dan fama internacional a los vinos salteños. Vinos que se logran merced al exquisito cuidado, trabajo y paciencia de los viñateros, pero también gracias a la extraordinaria concurrencia de factores naturales. El hecho de tener un valle de altura en una zona subtropical, con viñedos entre 1700 y 2700 m –que los convierte en los más altos del mundo-, con suelos arenosos y potásicos provenientes de la destrucción de rocas ígneas (granitos) y metamórficas (esquistos, gneises), con unos 350 días de sol y una intensa heliofanía, sumado a una amplitud térmica en los días de verano que llega a 38°C durante el día y 12°C durante la noche, dan pie al desarrollo de un terroir muy especial.

El Valle Calchaquí fue la puerta de entrada de los conquistadores españoles que venían desde el Perú. Los conquistadores trajeron con ellos a los curas, los curas necesitaban el vino para dar misa (no hay misa son vino) y por lo tanto no bien fueron fundando las primeras «ciudades», fueron plantando vides. Los viñedos que supo tener don Nicolás Severo de Isasmendi Echalar, último gobernador realista de Salta, y que heredara luego su hija Ascención Isasmendi de Dávalos, se encuentran entre los más antiguos de la provincia. Todavía se hace allí un vino exquisito.

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